Cuando bajamos el escudo

«Cuando bajamos el escudo»
Para una bella alma.

Hay un instante,
suave como un suspiro que apenas roza la piel,
en el que dejamos de sostener el mundo
y empezamos, simplemente,
a ser.

Un instante donde el corazón
—cansado de armar trincheras—
se permite descansar,
abrir una rendija,
y dejar que entre la luz
sin miedo a arder.

Porque la verdad más profunda
no vive en lo que protegemos,
sino en aquello que ofrecemos
cuando ningún escudo nos separa.

Y entonces sucede la magia:
dos almas confiables se reconocen,
se acercan despacio,
como quien camina descalzo
sobre un suelo sagrado.

La vulnerabilidad
ya no parece un riesgo,
sino un regalo.

Un puente vivo
entre lo que fuimos
y lo que podemos ser juntos.

Y el amor —ese río que nunca obliga—
fluye con naturalidad,
sin prisa, sin peso,
como si siempre hubiera sabido
que este era su camino.

Así, bella alma,
cuando tú y yo dejamos de resistir
y nos dejamos sentir,
la vida nos habla.

Y nos recuerda que el corazón,
cuando se permite ser,
nunca se equivoca.

John-Lance Villegas

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