La honestidad abrirá la puerta

En el corto camino que llevo recorrido he apreciado con mayor o menor dificultad que no es nada fácil ser honestos.   Ni con nosotros mismos, ni  con los demás. Una y otra vez practicamos, a veces sin darnos cuenta, otras veces con plena consciencia,  el que me he permitido llamar el arte de la complacencia, la mentira y la manipulación.

Los condicionamientos que tenemos, la búsqueda del amor permanente, la necesidad de  garantías y de sentirnos seguros ante un futuro incierto,  e incluso la normalización y justificación entre nosotros mismos de conductas poco  o nada honestas, nos llevan a vernos inmersos en todo un mar de mentiras y de no honestidad.

«El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio, es en verdad, un insensato.»

(Buda)

La honestidad, en el contexto en que me refiero a ella, no tiene nada que ver con la conducta moral y social que se espera de nosotros y que nosotros esperamos de los demás. Ni tan siquiera tiene que ver con la bonanza de nuestra persona, la cual puede o no presuponerse.

Esta honestidad a la que me refiero tiene que ver con la franqueza, con la sinceridad, de obra y de palabra, que nos caracteriza. Tiene que ver con vivir nuestro día a día acorde a lo que hay en cada momento; en actuar conforme lo que sentimos en cada instante, sin querer moldear o manipular las cosas y a las personas así como tampoco a las circunstancias tal y como se presentan.

Llega un momento en el camino del buscador en el que la honestidad, con uno mismo y con los demás se convierte en una gran liberación. De esta manera, una vez que aflora en ti la capacidad de observación que te ayuda a desarrollar la práctica de la meditación, actuar con honestidad se convierte en una forma de vida. A partir de este momento no cabe otra forma de vivir posible diferente a la de vivir siendo honestos, con honestidad.

«Sé sincero y fiel a tí mismo. Tendrás muchas tribulaciones, pero cada una te acercará más a la madurez. Al ser sincero de obra y de palabra, te irás preparando para que la verdad descienda sobre tí. Cuando alcances una determinada madurez, la puerta se abrirá subitamente. No hay otro camino»

(Osho)

Con la práctica de la meditación he aprendido, y aún sigo aprendiendo, a poder mirar a través de los ojos y ver lo que hay en cada preciso momento, sin filtros, sin adornos, sin floritura alguna. Esto me ha hecho libre. Libre de una vida de mentiras.

La honestidad siempre será un gran valor por el que merece la pena practicar. La honestidad abrirá la puerta.